Te negaba tanto que dolía cada palpito o cada suspiro sometido

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Cubrí avergonzado mi memoria de un rojo deslucido

esperando calmar las ansias de lo que yo creía un pasado nefasto. 
Un adiós alejado en el tiempo me asfixiaba y acompañaba,

queriendo deshacer el nudo que me ahogaba,

Te negaba tanto que dolía cada palpito

o cada suspiro sometido recreándome en expulsarlo

con cada inhalación o exhalación.
Tanto deseaba no pensar… que me odiaba a mí mismo

con una fuerza abismal.

Zarandeé cada pensamiento o latido que me hablaba de ti

y era triste ver cómo sin poder evitarlo

volvían en un instante de nuevo a mí.

Mi debilidad se hacía cada vez más patente y…

me odiaba mucho por ello.

Acariciaba su cuerpo como si de verdad ella,

estuviera pegada a mí, dulce, adorable y cargada de ternura,

como en los comienzos,
cuando aún éramos inocentes los dos…

Pero el tiempo no perdona, ¡nos rompe a pedazos!

a la vez que nos zarandea,
nos muele a golpes de necias manifestaciones,

sentimientos y pasiones que se vuelven engaños y monotonía,

o tal vez sea la justa vara de medir del tiempo,

infligiéndonos fracaso tras fracasos.

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